24 de mayo, Día internacional por la paz y el desarme


HOY RECORDAMOS A AMPARO POCH Y GASCÓN, PIONERA PACIFISTA ARAGONESA
True peace is not the merely the absence of war, it is the presence of justice”.
Jane Addams
Quizá esta breve cita, pronunciada por Jane Addams hace un siglo, pueda resumir la longeva lucha de la
mujer por la paz. Hasta que no entendamos e implementemos su recomendación implícita seguiremos en
conflicto, con los demás y con nosotros/as mismos/as.
Vivimos en un mundo de prisas, donde lo importante se difumina y se posterga sine die ante lo urgente.
Se hace imperiosa la sensibilización y la reflexión sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos. La
pandemia, una oportunidad de aprendizaje ante los retos venideros, nos enseñó que nuestros más
preciados dones son los más asequibles, y lo seguirán siendo mientras apostemos por un uso sostenible de
los recursos naturales y cuidemos nuestro medioambiente. Poco nos duró la lección, todos y todas, en
parte, somos culpables del sistema mundial actual. Se habla constantemente de las crisis financieras,
abren telediarios e ilustran portadas de periódicos, cuando nuestra mayor crisis es la moral. Demostrado
está que hay riqueza suficiente, es la distribución lo que tenemos que mejorar. Las mujeres empezamos
nuestra revolución en el siglo XX, una revolución pacífica y pacifista, que desde el primer momento tuvo
como bandera la justicia social. Nos propusimos como tarea principal reinsertar a las y los “nadies”
resultantes del agresivo sistema social y económico que adoptamos a finales del siglo XIX. Pronto
llegarían las guerras mundiales y gritaríamos nuestro NO rotundo a los enfrentamientos bélicos, no solo
por las inútilmente trágicas consecuencias, también por nuestro compromiso con el diálogo y los acuerdos
de paz esenciales en su resolución. Cual lisístratas modernas, rayando en el esperpento, hemos llegado a
recurrir incluso a la huelga sexual, que en el caso de Liberia fue clave para la paz. El ingente número de
asociaciones de mujeres por la paz a nivel mundial no hace sino reflejar nuestra batalla por un mundo sin
violencia, una sociedad feliz.
Si vis pacem, para bellum se tendría que cambiar a Si vis pacem, para pacem. ¿Cómo? Educando para la
paz, propiciando la convivencia pacífica a través de valores como la justicia social, el respeto, la
solidaridad, la interculturalidad. Educamos en la competitividad, con la consiguiente frustración y
sensación de fracaso en nuestro alumnado, ciudadanas y ciudadanos del futuro. ¿Por qué asignaturas
como Filosofía o Valores Éticos no son las más importantes del currículo? Son de las pocas que invitan a
la reflexión, al debate, al diálogo, acciones especialmente necesarias en estos tiempos tan tecnológicos
donde la interacción social desaparece y la perniciosa individualidad aumenta.
A la par que la educación, sigamos exigiendo a los gobiernos leyes y soluciones políticas que miren por el
bienestar común. Anibal Quijano decía que “la idea de raza es, con toda seguridad, el más eficaz
instrumento de dominación social inventado en los últimos 500 años
”. Deberíamos añadir la de clase, y
luego etiquetas como el sexo, la nacionalidad y la religión que nos hemos inventado para dividirnos.
Despojados de ese disfraz social, queda lo importante: el ser humano, con sus cualidades e
imperfecciones. Practiquemos las que nos honran y mejoremos las que nos limitan. Al final del día, solo
queda eso que la pandemia nos enseñó a valorar.

Hoy no queremos pasar la oportunidad de recordar a la polifacética Amparo Poch y Gascón, muy conocida por sus convicciones feministas, por ser una de las pocas mujeres licenciadas en medicina en su época, por su trayectoria anarcosindicalista, por ocupar responsabilidades políticas de primera línea, pero muy poco conocida por su trayectoria pacifista.

Su pacifismo entronca con el feminismo y también con su conciencia de clase. Hoy recordamos que fue presidenta de la sección española de la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG), bajo el nombre de Liga Española de Refractarios a la Guerra la IRG comenzó a operar en España. Amparo Poch compartió militancia en la misma organización que personas de la talla de Albert Einstein, Beltrand Russell o Aldous Huxley. La guerra civil española supuso un importante reto para el pacifismo internacional, desplegando la IRG un importante programa de ayuda a la población civil. El Movimiento de Objeción de Conciencia y la campaña de insumisión dieron continuidad a la IRG dentro de nuestras fronteras tras el fin del franquismo. Amparo Poch murió en el exilio, pero nunca renuncio a sus convicciones.

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