VACUNACIÓN: DESCONCIERTO ENTRE EL PROFESORADO


LAS CAMBIANTES Y ERRÁTICAS DECISIONES DE LAS AUTORIDADES SANITARIAS SOBRE LA VACUNA UTILIZADA ENTRE EL PROFESORADO SIEMBRAN EL DESCONCIERTO.

Ayer, 8 de abril, la Agencia Europea del Medicamento reconoció oficialmente como “un efecto secundario muy raro” la formación de trombos tras la vacunación con AstraZeneca, no obstante considera que debe de utilizarse por brindar protección frente a la evolución grave de la COVID-19 al grueso de la población, frente a un muy reducido número de casos de trombosis.

La evidencia empírica indica que tienden a darse más en personas jóvenes y todavía más entre las mujeres. Ayer las autoridades sanitarias españolas decidieron suspender la vacunación con AstraZeneca a las personas menores de 60 años –la población más joven tiene una reacción inmunitaria más intensa ante la administración de la vacuna, que está detrás de la formación de trombos de origen autoinmune como reacción ante el agente extraño que es la vacuna-.

En un principio se descartó el uso de AstraZeneca en mayores de 55 años, por no existir estudios concluyentes sobre su acción en esas edades, con posterioridad se amplió su uso a mayores de 55 años y en el momento actual se circunscribe a quienes superan los 60 años. El desconcierto generado ante tantos cambios en la sociedad es absoluto y deja la sensación de haber convertido a la población en “conejillos de Indias” ante la premura de  hacer frente a una pandemia global que trasciende lo meramente sanitario, con graves consecuencias para la vida social y económica.

Lo anterior se suma a otros cambios de criterio a lo largo del tiempo. En un principio no se hizo obligatorio el uso de mascarillas, se decía que con la “distancia social” era suficiente para protegerse por parte de la Organización Mundial de la Salud. Parece que la evidencia científica ya entonces decía lo contrario, simplemente no había mascarillas suficientes ni para el personal sanitario, tan pronto se fabricaron en gran cantidad pasó a ser su uso obligatorio.

También se descartó el contagio por aerosoles, la posición oficial era que el coronavirus se trasmitía por gotas de Flügge. Pasado el tiempo se admitió el contagio por aerosoles. Mirando con  perspectiva podemos mantener que ya había suficiente evidencia científica, pero los gestores de la salud pública no sabían muy bien cómo actuar a gran escala para hacer frente a los aerosoles.

Sobre los trombos hemos pasado de unos estudios que los limitaban a uno por millón, a otros que los elevan a uno por cien mil y quién sabe lo que  nos deparará el futuro. Lo  cierto es que entre nuestra afiliación conocemos algún caso de generación de trombos a los días de haberse administrado la vacuna –con hospitalización incluída y tratamiento pos hospitalario-, es un dato empírico, contrastado por nuestro sindicato.

En la pandemia, lo científico, la gestión sanitaria, los intereses económicos y políticos se entrecruzan. Sim embargo, hasta la fecha las autoridades sanitarias habían salido relativamente bien paradas en términos de confianza por la sociedad, buena parte de dicho crédito lo han perdido con los cambios de criterio respecto a la vacunación con AstraZeneca.

Ahora, entre el profesorado ya vacunado existe una lógica preocupación. Desde STEA-i exigimos a las autoridades sanitarias que estudien bien lo que deciden hacer en el futuro, pues una mayor pérdida de confianza no traerá nada bueno, en un momento donde la solidaridad en el seno de la sociedad es todavía más necesaria.

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